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La Compañía Nacional de Danza presenta una nueva creación escénica nacida de un laboratorio coreográfico dirigido por Julio César Iglesias, cuya mirada propone un territorio donde los cuerpos se entrelazan hasta convertirse en una sola materia viva.
En escena, la oscuridad no es ausencia, sino un estado físico y perceptivo: densidad, presión, escucha. Desde ese espacio emerge un paisaje humano en constante reorganización, donde lo individual y lo colectivo conviven en tensión. Formas de poder, ritual y comunidad se revelan en un unísono que absorbe las singularidades… hasta que aparece la grieta.
Esa mínima desviación —un temblor, una respiración que se desmarca— no destruye la forma: la transforma. La vuelve permeable. Y es desde esa fisura donde surge una luz distinta, íntima, nacida de la fricción entre cuerpos y del esfuerzo por sostener la diferencia dentro del conjunto.
Esta pieza invita a habitar un espacio donde la identidad se diluye y reaparece, donde la comunidad deja de ser un bloque uniforme para convertirse en un tejido sensible, capaz de revelar lo que persiste en lo invisible.
Cuerpos en unísono se quiebran: una grieta revela luz, identidad y comunidad en tensión.
